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CONCIERTOS

The Weeknd convierte Madrid en una distopía pop y acerca su universo a 50.000 personas

El artista canadiense inauguró su residencia de tres conciertos en el Riyadh Air Metropolitano con Playboi Carti como invitado y un espectáculo de fuego, láseres y enormes estructuras que convirtió el estadio en una gigantesca experiencia audiovisual

The Weeknd no llegó a Madrid para dar simplemente un concierto. Llegó para construir un mundo.

Anoche, 28 de agosto, el Riyadh Air Metropolitano se convirtió durante más de dos horas en una gigantesca distopía futurista en la que Abel Tesfaye fue pasando de la oscuridad a la luz, del misterio a la celebración y de las grandes producciones visuales a algunos de los momentos más cercanos de la noche.

Ante alrededor de 50.000 personas, el artista canadiense inauguró sus tres noches consecutivas en Madrid dentro del After Hours Til Dawn Tour, en una jornada que comenzó con Playboi Carti como artista invitado. Carti ocupó el escenario principal antes del concierto de The Weeknd, acompañado por una puesta en escena más cercana al rap y al punk, mientras varios personajes repartidos por las pasarelas animaban al público.

Y después llegó The Weeknd.

Una pasarela para que nadie se quede lejos

Uno de los grandes aciertos del montaje está en algo aparentemente sencillo: la enorme pasarela en forma de cruz que atraviesa la pista y divide el recinto en cuatro zonas.

En un concierto de estadio, tener entrada de pista puede significar asumir que vas a pasar buena parte de la noche viendo al artista a muchos metros de distancia.

Aquí ocurre algo diferente.

The Weeknd pasa prácticamente todo el concierto recorriendo las pasarelas, mientras que el escenario principal funciona más como el gran lienzo visual de la producción. Eso hace que prácticamente todo el público de pista tenga en algún momento al artista mucho más cerca.

Y se nota.

Además, la pista no se sentía excesivamente saturada, algo que permitía desplazarse (y bailar) con bastante facilidad y buscar diferentes perspectivas durante el espectáculo.

El propio The Weeknd también rompe repetidamente esa distancia: se acerca al público, baja en varias ocasiones hacia las primeras filas y busca el contacto directo. Es un contraste interesante con el personaje misterioso y prácticamente inaccesible que aparece durante los primeros minutos.

Del apocalipsis a la fiesta

Los primeros minutos parecen sacados de una película de ciencia ficción.

Humo negro, fuego, una ciudad en ruinas y una veintena de figuras vestidas con túnicas rojas y máscaras doradas rodean a The Weeknd. Más que monjes, la estética recuerda a una especie de logia o ceremonia secreta, una imagen deliberadamente inquietante que acompaña su entrada.

En el centro del montaje aparece además una enorme figura dorada femenina de unos 15 metros, diseñada por el artista japonés Hajime Sorayama.

The Weeknd aparece con máscara negra y ojos rojos y avanza por la pasarela en cruz mientras interpreta “Baptized in Fear”.

Y entonces empieza la transformación.

El escenario apocalíptico se convierte progresivamente en una gigantesca pista de baile con “Take My Breath”, “Sacrifice” y “How Do I Make You Love Me?”.

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Fuego, láseres, miles de luces y una producción de dimensiones descomunales hacen que el Metropolitano parezca por momentos más un universo cinematográfico que un estadio de fútbol.

The Weeknd apenas pisa el escenario principal

Es probablemente una de las imágenes que más se quedan después del concierto: el escenario principal es enorme, pero The Weeknd apenas lo utiliza como lugar de permanencia.

La verdadera acción sucede alrededor del público.

La pasarela en cruz permite que el artista vaya cambiando constantemente de posición y que las diferentes zonas de pista tengan su momento. Y eso hace que un espectáculo diseñado para 50.000 personas tenga, en determinados momentos, una sensación mucho más cercana.

No es solo cuestión de verlo en las pantallas gigantes.Es tenerlo físicamente pasando cerca de ti.

Cuando baja el volumen, aparece Abel

Después del bombardeo visual llega uno de los mejores cambios de ritmo de la noche.

“Out of Time”, “I Feel It Coming”, “Die For You” o “Is There Someone Else?” permiten respirar y dejan mucho más espacio para que aparezca la voz de The Weeknd.

Aquí es donde se entiende por qué, detrás de toda la maquinaria, sigue existiendo uno de los grandes vocalistas del pop y R&B contemporáneo. Falsete, agudos, giros melódicos y una interpretación mucho más vulnerable.

Y también es aquí cuando más se acerca al público.

Durante “Out of Time” baja hacia el foso, cede el micrófono a una espectadora y después se acerca a las primeras filas para recibir el cariño de sus seguidores.

El hombre de la máscara desaparece.

Aparece Abel.

Y entonces llegó “Blinding Lights”

Había que esperar.

Porque “Blinding Lights” no fue el principio de la fiesta. Fue uno de sus grandes momentos finales.

Después de “Save Your Tears”, comenzaron a sonar los primeros acordes de una canción que ya ha trascendido a su propio autor.

Y el Metropolitano explotó.

Miles de personas cantando uno de los mayores himnos del pop de los últimos años, una canción que además se ha convertido en la más reproducida de la historia de Spotify.

Era una de las canciones que todo el mundo estaba esperando. Y se notó.

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Fuego para despedir la noche

Cuando parece que ya no queda mucho más por enseñar, todavía llega otro golpe de efecto: fuego, pirotecnia, globos gigantes, láseres y la enorme figura dorada lanzando rayos desde sus ojos.

Una producción pensada al milímetro que convierte el final en otro espectáculo dentro del espectáculo.

Puede discutirse, como han hecho algunas crónicas, si tanta precisión deja poco espacio para la improvisación o para esos momentos imperfectos que convierten un concierto en algo irrepetible.

Pero hay algo que anoche funcionó especialmente bien y que desde Próximo Single nos parece importante destacar: The Weeknd no se limitó a construir un espectáculo para ser contemplado desde lejos. Construyó una producción gigantesca y después la llevó hasta el público.La cruz, las pasarelas, sus continuos desplazamientos y sus acercamientos a las primeras filas consiguieron que un concierto de 50.000 personas tuviera también momentos de cercanía.

The Weeknd convirtió el Metropolitano en una ciudad en ruinas, una discoteca, una ceremonia y finalmente una fiesta colectiva.

Y cuando sonó “Blinding Lights”, Madrid ya estaba completamente dentro de su universo.

Primera noche superada. Quedan dos.

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