El proyecto barcelonés Spacebarman vuelve a sorprender con “Sometimes we go to dark places”, su nuevo sencillo disponible desde el 13 de agosto en todas las plataformas. Entre sintetizadores sombríos, texturas industriales y destellos shoegaze, el artista explora los rincones más oscuros de las relaciones humanas, allí donde la pasión, las dudas y las cicatrices invisibles conviven en un mismo latido. Hablamos con él.
El título de la canción es toda una declaración de intenciones. ¿Qué significa para ti “Sometimes we go to dark places” y en qué momento vital nace este tema? Significa que en cualquier relación, por más perfecta o armoniosa que sea, siempre va a haber fricciones, desacuerdos, discusiones, peleas. En ocasiones, cuando surgen estas discusiones, nuestra mente empieza a divagar y a cuestionar por qué estamos metidos en esa relación. Esos momentos de cuestionamiento son los lugares oscuros, los dark places de los que habla la canción.
¿Y en qué momento nació? Lo primero que apareció fue la melodía, que surgió de un sueño. En ocasiones al despertar por las mañanas, del último sueño me queda una melodía, o una letra o alguna idea musical en la cabeza. Eso me pasó una mañana hace unos meses, soñé la melodía del coro. Inmediatamente me levanté de la cama y me senté frente al ordenador con mi guitarra y la grabé. Luego construí la canción alrededor de esa melodía.
La línea central “Sometimes we fight, we both always lose” refleja una vulnerabilidad brutal. ¿Cómo es exponer esas heridas íntimas a través de la música? Creo que es la única manera de exponer esas heridas, por lo menos para mí. Aunque estén codificados en la música, esos sentimientos están ahí. Personalmente soy bastante reservado, y si alguien quisiera escucharme hablar, preferiría que más bien se sentara a escuchar mi música.
En lo sonoro hay ecos de Depeche Mode, Nine Inch Nails o Ride, pero con una identidad muy propia. ¿Cómo trabajas ese equilibrio entre la influencia y la búsqueda de un lenguaje personal? Yo creo que las influencias están ahí siempre, es prácticamente imposible deshacerse de ellas. La mayoría del tiempo uno ni siquiera tiene que pensar en ello. En lo que hay que pensar es en encontrar un sonido y una identidad propias. Con el tiempo y el trabajo ese lenguaje personal como lo llamáis va surgiendo de manera espontánea. Pero no surge de un día para otro, hay que componer, escribir, reescribir, grabar y escucharse a uno mismo. Trabajar en la propia obra e irla construyendo poco a poco.
Tus directos son casi experimentos audiovisuales, donde lo digital cobra vida. ¿Cómo imaginas llevar “Sometimes we go to dark places” al escenario para que el público lo experimente más allá del sonido? Qué buena pregunta, he estado pensando mucho en eso. Me gustaría lograr recrear en directo la expresión corporal que es casi como unas sombras chinescas, y también jugar con las visuales, reutilizar algunas de las imágenes de la naturaleza agitada que se ven al fondo hacia el final de la canción. También imaginó iluminación desaturada, con escalas de grises o blanco y negro. Probablemente también invitar a la audiencia a participar generando los paisajes sonoros que hay en las secciones instrumentales de la canción.
El tema puede funcionar tanto en la intimidad de unos auriculares como en un pogo catártico en directo. ¿Piensas la música para esos dos extremos desde el inicio, o surge de manera natural en el proceso de producción? Surge de manera natural. Suelo producir y hacer algunos arreglos al mismo tiempo que estoy grabando una primera maqueta de la canción. Siempre hay un momento en el cual uno se pregunta, “esta sección de la canción ¿cómo se debería arreglar? ¿qué instrumentos debería tener? ¿debo darle más fuerza o hacerla más tranquila?”. Y claro después puede cambiar. Yo creo que, en vez de uno decidir qué hacer con una canción, la canción misma lo va llevando a uno a un lugar, pide que una sección sea más fuerte, que lleve guitarras distorsionadas y batería, o pide que le bajen un poco la energía. Al final los músicos son como escultores, que van quitando o poniendo material hasta que la canción adquiere su forma definitiva.
Como alter ego de JP Carrascal, Spacebarman parece moverse entre lo humano y lo maquínico. ¿Dónde sientes que está hoy la frontera entre emoción y tecnología en tu música? La tecnología es un medio para llegar a un destino y ese destino en mi caso es una música que expresa unas ideas o unos sentimientos. Para construir una obra, toda artista invierte una gran cantidad de tiempo, esfuerzo y recursos, pero también hay una inversión emocional. Todo eso se siente en el resultado final. Ese esfuerzo y esa inversión van a ser palpables en la emoción que transmite el resultado, independientemente de la tecnología que se haya utilizado para conseguirlo Estamos en un momento crítico. La inteligencia artificial (IA) claramente está cambiando muchas cosas. Yo no pienso que haya nada de malo en usar IA para complementar o acelerar la creación musical. Es finalmente una herramienta más. Sin embargo, reemplazar a las artistas con una IA en el proceso de creación musical sí que me parece un error. Yo pienso que la música creada exclusivamente con IA, con poca o ninguna intervención humana, no contiene la misma emoción. Eso pienso yo en este momento, también podríamos empezar una discusión filosófica eterna al respecto…
La canción abre una puerta a los territorios oscuros del amor y del conflicto. ¿Crees que la música puede ser también una forma de catarsis o de reconciliación con esas sombras? ¡Definitivamente! Para mí lo es. Hay ocasiones en que la única manera de calmarme es mediante la música, ya sea ponerme a escuchar alguna canción apropiada para el momento, o sentarme a tocar guitarra, o componer una nueva canción. Hay algunos demonios que sólo se pueden exorcizar de esa manera.
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