El festival segoviano de soul, jazz y funk celebra su quinta edición consolidado como una de las propuestas más cuidadas y personales del panorama nacional. Hablamos con su organización sobre la evolución de Afroblue, la importancia del entorno, el equilibrio entre descubrimiento y calidad artística y la apuesta por un modelo de festival cercano, sostenible y alejado de las masificaciones.
Tras varias ediciones consolidando el proyecto, ¿en qué momento diríais que se encuentra ahora el festival y qué lo diferencia de sus inicios?
En esta quinta edición podemos decir que Afroblue ha alcanzado un punto de consolidación muy importante. Hemos conseguido crear un público fiel que, con el tiempo, se ha convertido en una auténtica familia y en el mejor altavoz posible del festival.
A diferencia de las primeras ediciones, ahora existe una confianza clara por parte del público: saben que nuestro cartel es sinónimo de descubrimiento y calidad, y que siempre van a encontrar nuevas bandas interesantes.
Esta quinta edición vuelve a apostar por un enclave muy especial en Segovia. ¿Qué papel juega el entorno en la experiencia Afroblue?
El entorno es una pieza fundamental. Los Jardines de los Zuloaga son, probablemente, el alma del festival.
Se trata de un espacio único que transforma completamente la experiencia, creando un escenario natural incomparable. Es el mejor decorado posible para Afroblue y contribuye de forma decisiva a que el público viva algo especial.
El cartel arranca con nombres como Pajaro Sunrise, The Free Label o Principles of Joy, que reflejan estilos muy diversos dentro del universo afroamericano. ¿Qué narrativa o concepto hay detrás de esta primera selección de artistas?
Con esta primera selección, en la que aparecen proyectos como Pájaro Sunrise, The Free Label o Principles of Joy, volvemos a dejar clara nuestra identidad: en Afroblue tienen cabida todos los géneros vinculados a las músicas negras.
Apostamos tanto por bandas consolidadas como por proyectos que aún no han pasado por nuestro país, buscando siempre un equilibrio entre reconocimiento y descubrimiento.
Afroblue siempre ha destacado por su equilibrio entre artistas nacionales e internacionales. ¿Cómo trabajáis esa curaduría del cartel?
Cerrar el cartel de Afroblue es un proceso complejo. Buscamos que estén representados distintos géneros, que exista paridad y que se mantenga ese equilibrio entre talento nacional e internacional.
Sobre todo, programamos desde la pasión: somos grandes seguidores de estas músicas y diseñamos el cartel pensando como público, imaginando el festival al que nos gustaría asistir.
¿Qué importancia tiene para vosotros seguir defendiendo géneros como el soul, jazz o funk dentro del circuito actual de festivales?
Son géneros que siguen muy vivos. Cada año surgen nuevos proyectos con muchísimo talento y bandas jóvenes que publican discos increíbles.
Creemos que es fundamental generar espacios donde el público pueda descubrir estas propuestas, sin quedarnos únicamente en los grandes clásicos.
Desde fuera se percibe Afroblue como una experiencia muy cuidada y cercana. ¿Cómo se construye esa identidad más allá de la música?
Desde el inicio, el objetivo fue alejarnos del modelo de festival masificado. Queríamos crear una experiencia cómoda, en un entorno bonito y cuidando cada detalle.
Evitar largas colas o aglomeraciones permite disfrutar realmente de la música. Además, esto facilita que personas que normalmente no acudirían a festivales se acerquen a Afroblue.
El festival mantiene su apuesta por la accesibilidad, con entradas para jóvenes y menores. ¿Qué papel juega el relevo generacional en vuestro proyecto?
Es clave. El público tradicional de estos géneros está envejeciendo, por lo que es fundamental acercar esta música a nuevas generaciones.
Para los niños, vivir conciertos en directo puede ser una experiencia muy enriquecedora. Además, nos encanta ver cómo Afroblue se está convirtiendo en un espacio familiar donde padres e hijos comparten música y disfrutan juntos.
En un contexto donde los festivales crecen en tamaño, Afroblue parece apostar por otro modelo. ¿Es una decisión consciente mantener ese formato?
Sí, totalmente. Queremos mantenernos como un festival pequeño y cercano
¿Qué tipo de público os estáis encontrando en los últimos años y cómo ha evolucionado desde la primera edición?
Actualmente contamos con un público mayoritariamente melómano y de mediana edad, pero también vemos cómo muchas personas llegan atraídas por la experiencia y repiten año tras año.
El crecimiento del público familiar ha sido especialmente notable, y además recibimos asistentes de todas las provincias.
Mirando hacia el futuro, ¿qué retos y objetivos os marcáis para seguir haciendo crecer Afroblue sin perder su esencia?
El principal reto sigue siendo el mismo: conseguir el mejor cartel posible en cada edición, con un presupuesto tan ajustado como el nuestro.
Los patrocinadores buscan grandes eventos, cuantos más asistentes más impactos
En definitiva, el reto no es hacerse más grande, sino hacerse más sólido: crecer de forma sostenible, manteniendo la personalidad que ha convertido a Afroblue en una propuesta única dentro del panorama musical.