En el marco de una nueva edición del Festival Afroblue, uno de los encuentros más representativos de la música y la cultura afroamericana, conversamos con su director, para conocer los desafíos, propuestas y objetivos que marcan este 2025. Con una programación renovada y un fuerte enfoque en la diversidad artística y el compromiso social, Afroblue se consolida apostando por un público diverso y familiar, facilitando el acceso gratuito a menores de diecisiete años (incluidos) y ofreciendo precios reducidos a los asistentes de hasta veinticuatro años.
Afroblue llega este año a su cuarta edición. ¿Cómo nació este proyecto y qué balance haces de su evolución hasta ahora?
Este proyecto nació de la unión de Soul Matters y WIC: tres amigos soñando con hacer un festival distinto, aportando toda nuestra experiencia en programación y producción de grandes eventos. Queríamos crear un festival al que querrías ir si no te gustan los grandes festivales.
En un panorama de festivales muchas veces masificados, ¿por qué decidisteis mantener un aforo reducido y priorizar la experiencia del asistente?
Nuestro objetivo es poner el foco en la música: que el sonido sea excelente, que todas las bandas programadas tengan un gran nivel artístico y, sobre todo, que el público se sienta cómodo para poder disfrutarlo. Con nuestra experiencia trabajando en grandes festivales, hicimos una lista de todo lo que no nos gustaría vivir como asistentes, y eso es precisamente lo que tratamos de evitar en Afroblue.
Este año contáis con nombres internacionales como The Cinelli Brothers o London Afrobeat Collective, pero también con artistas nacionales muy potentes como Freedonia o Mirla Riomar. ¿Cómo construís el cartel? ¿Qué buscáis transmitir con él?
A la hora de programar el cartel, tenemos en cuenta varios aspectos: que estén representados todos los géneros que engloban las músicas negras —soul, jazz, blues, funk— y también sus fusiones con los sonidos latinos. La paridad es otro punto clave: buscamos siempre mujeres instrumentistas, compositoras y líderes de sus proyectos. Además, nos gusta poner en valor a las bandas nacionales, porque hay muchísimo talento en nuestro país.
El Jardín de los Zuloaga es un lugar muy especial. ¿Cómo influye este espacio en la atmósfera del festival?
Este espacio es, de alguna forma, el cabeza de cartel del festival. Es muy emocionante ver la cara de sorpresa de los artistas y del público cuando cruzan la puerta por primera vez. Son unos jardines preciosos, con vistas a la ciudad de Segovia, unidos a la antigua iglesia de San Juan de los Caballeros, actual Museo de los Zuloaga.
Afroblue ofrece entrada gratuita a menores de 17 años y precios reducidos hasta los 24. ¿Por qué es importante para vosotros facilitar el acceso a los más jóvenes?
Entre los fans de estos géneros hay muchas familias a las que les gusta asistir a conciertos, pero no siempre lo tienen fácil. Esta iniciativa tiene un doble objetivo: que los melómanos puedan disfrutar del festival en familia y, al mismo tiempo, crear nuevas generaciones de aficionadas a estas músicas. Estoy convencido de que los niños que asisten año tras año a Afroblue, en el futuro serán grandes conocedores y seguidores de estos géneros.
¿Cómo imaginas Afroblue dentro de cinco o diez ediciones más?
Nuestro objetivo es que Afroblue se convierta en un referente nacional de las músicas negras, y en una plataforma de descubrimiento de nuevas bandas. Queremos fidelizar al público para que, aunque no conozca a los artistas del cartel, confíe plenamente en nuestra programación.
Para quien nunca ha estado en Afroblue, ¿cómo describirías en pocas palabras la experiencia de vivirlo?
Es un festival pensado para disfrutar de la música desde el primer momento. En un entorno único, cuidamos cada detalle para que el disfrute sea total: sin aglomeraciones, sin colas, con espacio para descubrir nuevos talentos. Y además, Afroblue crea comunidad: año tras año, el público repite y se está convirtiendo en un verdadero lugar de encuentro.
Y para ti, personalmente, ¿qué significa Afroblue?
Para mí, Afroblue es nuestro festival soñado: ese al que querríamos ir como público. Es nuestra lista de deseos hecha realidad, desde la programación hasta el recinto. El proyecto en que ponemos toda nuestra ilusión cada año.
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